DE LOS COMBUSTIBLES FÓSILES A LA ENERGÍA RENOVABLE
La gran transición energética de los combustibles fósiles a las fuentes renovables de energía está en marcha. En la medida en que suben los precios del combustible, se profundiza la inseguridad del petróleo y las preocupaciones sobre la contaminación, y la inestabilidad climática arroja una sombra sobre el futuro del carbón, emerge una nueva economía energética global. La vieja economía energética, alimentada por el petróleo, el carbón, el gas natural, está siendo reemplazada por una economía alimentada por las energías eólica, solar y geotérmica. Los recursos de energía renovable de la Tierra son vastos y están disponibles para ser explotados por medio de iniciativas millonarias. Nuestra civilización necesita adoptar la energía renovable a una escala y a un ritmo que nunca hemos visto antes.
Hemos heredado nuestra economía mundial actual basada en los combustibles fósiles de otra era. El siglo XIX fue el siglo del carbón, y el petróleo tomó el liderazgo durante el siglo XX. Hoy, las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2) – el principal gas de efecto invernadero que altera el clima – provienen ampliamente de la quema de carbón, petróleo y gas natural. El carbón, usado fundamentalmente para la generación de electricidad, representa el 44% de las emisiones globales de CO2 de los combustibles fósiles. El petróleo, usado primordialmente para el transporte, representa el 36%. El gas natural, usado para electricidad y calefacción, representa el restante 20 por ciento. Es tiempo de diseñar una economía energética libre de carbono y contaminación para el siglo XXI.
Algunas tendencias ya se están moviendo en la dirección correcta. La quema de carbón, por ejemplo, está disminuyendo en muchos países. En los Estados Unidos, el segundo consumidor después de China, el uso del carbón cayó 14 por ciento del 2007 al 2011 al ser cerradas docenas de plantas. Se espera que esta tendencia continúe debido, en parte, a la amplia oposición al carbón que está siendo organizada por la campaña Beyong Coal (Más Allá del Carbón) del Club Sierra.
El petróleo es usado para producir apenas el 5% de la generación de electricidad en el mundo, y se está volviendo aún más costoso. Debido a que el petróleo es usado fundamentalmente para el transporte, podemos eliminarlo gradualmente electrificando el sistema de transporte. Los carros eléctricos e híbridos pueden funcionar en gran medida con electricidad limpia.
Como las reservas de petróleo se están agotando, el mundo ha girado su atención a las fuentes de energía basada en plantas. Su uso potencial es limitado, no obstante, porque las plantas generalmente convierten menos del 1% de energía solar en biomasa.
Los cultivos pueden ser utilizados para producir combustibles para los automóviles, tales como el etanol y el biodiesel. Las inversiones en las destilerías de etanol a partir de maíz en los EE.UU. se convirtieron en altamente rentables cuando los precios del petróleo saltaron por encima de los $60 el barril, luego del huracán Katrina, en 2005. El frenesí de inversión que siguió al fenómeno también fue alimentado por mandatos del gobierno y subsidios. En 2011 el mundo produjo 23 millones de galones de etanol para combustible y cerca de 6 millones de galones de biodiesel.
Pero mientras más investigaciones se hacen en los biocombustibles líquidos, menos atractivos se vuelven. Cada hectárea plantada de maíz para etanol, significa la necesidad de destinar otra hectárea, en alguna otra parte, para la producción del cultivo. El desbroce de tierras en los trópicos para los cultivos de biocombustibles puede aumentar las emisiones de gases invernaderos, en lugar de reducirlas. Los cultivos para energía no pueden competir con la energía eólica, que usa la tierra de forma eficiente.
La comunidad científica está desafiando la afirmación de la industria del gas natural de que su producto es bastante benigno para el clima. El gas natural producido por la fractura hidráulica (la tan manida clave para expandir la producción) afecta aún más el clima que el carbón debido a los escapes del gas metano. (El metano es un potente contribuyente al cambio climático).
La última mitad del siglo XX trajo la energía nuclear, cierta vez ampliamente considerada como la fuente de electricidad del futuro. Aunque los reactores nucleares suministran el 13% de la electricidad mundial, el papel limitado de la energía nuclear en el futuro ha estado claro desde hace tiempo. Es, simplemente, muy cara.
Los países de todo el mundo están ricamente dotados con energías renovables; en algunos casos, suficiente para duplicar sus capacidades de generación actuales. Una renovada economía de energía limpia aprovechará más energía del viento y del sol, y de dentro de la propia Tierra. Los combustibles fósiles que afectan al clima se desvanecerán en el pasado en la medida en que los países se vuelvan hacia fuentes de energías estabilizadoras del clima y no agotables. El crecimiento en el uso de las celdas solares, que convierten la luz del sol en electricidad, solo puede ser descrito como explosivo, expandiéndose en un 74% en 2011. Las primeras instalaciones fotovoltaicas (FV) eran todas a pequeñas escalas – la mayoría de ellas en los techos residenciales. Eso está cambiando en la medida en que se lanzan más proyectos FV a escala de servicios. Los Estados Unidos, por ejemplo, tienen en construcción y desarrollo más de 100 proyectos a escala de servicios públicos. La electricidad generada por energía solar es particularmente atractiva en las regiones desérticas, tales como en el suroeste de los EE.UU., porque la generación pico engrana muy bien con el uso pico del aire acondicionado.
Las actuales instalaciones fotovoltaicas globales de 70,000 megavatios pueden, cuando operan a máxima potencia, igualar la capacidad de generación de 70 plantas nucleares. Con las instalaciones FV creciendo y los costes cayendo continuamente, la capacidad de generación acumulada de FV podría sobrepasar 1 millón de megavatios en 2020. (La capacidad de generación de electricidad actual global de todas las fuentes es de 5 millones). La instalación de paneles solares para viviendas individuales en los pueblos de los países en desarrollo, a menudo es ahora más barata que abastecerlos con electricidad mediante la construcción de una central eléctrica y una red.
El calor que proviene del interior de la Tierra – energía geotérmica – puede ser usado para calentar o convertirse en vapor para generar electricidad. Muchos países tienen suficiente energía geotérmica aprovechable para satisfacer todas sus necesidades de electricidad. A pesar de esa abundancia, la capacidad instalada de energía geotérmica a partir de 2012 es solo suficiente para proporcionar electricidad a unos 10 millones de hogares en todo el mundo.
Aproximadamente la mitad de los 11,000 megavatios de capacidad de generación instalada de geotérmica está concentrada en los Estados Unidos y en Filipinas. Entre todos, 24 países convierten actualmente energía geotérmica en electricidad. Los Estados Unidos, con 130 plantas geotérmicas en construcción o desarrollo confirmadas, traerán, al menos, 1,000 megavatios de capacidad de generación en línea a corto plazo. A nivel mundial, este ritmo acelerado podría producir 200,000 megavatios de capacidad instalada para 2020.
Cada fuente alternativa de energía – sea solar, geotérmica o eólica – tiene un papel importante que jugar, pero es la eólica la que está en camino de convertirse en la base de la nueva economía energética.
Fuente:
www.treehugger.com