Convicción para emprender una revolución energética
Tanto, que en ocasiones permanecemos tan centrados en nuestra propia existencia que no reparamos en cómo los demás enfocan la suya. Cuando vemos con admiración cómo Portugal genera más del 70% de su energía de fuentes renovables, con picos de hasta el 100% en algunos momentos del año, solo cabe preguntarse, ¿qué hacen ellos para conseguirlo que nosotros no?
Portugal, cuyo sistema energético estaba tan anticuado como el español no hace tanto, desarrolla desde hace varios años una ambiciosa estrategia que persigue reducir su dependencia energética externa, impulsar una transición ordenada hacia fuentes de energía renovables (principalmente la fotovoltaica y la eólica), descarbonizando el mix de generación eléctrico manteniendo la calidad del suministro y unos precios competitivos.
Si en los primeros años del siglo XXI su consumo de energía renovable se situaba en torno al 20%, hoy muestran con orgullo cómo este llega al 70% (las fuentes renovables aportaron el 72% de la electricidad consumida el primer trimestre del año), cifras solo por detrás de muy pocos países del mundo como pueda ser Dinamarca. Pero no satisfechos con esta evolución, el país pretende alcanzar el 80% en 2023 y el 100% en 2050 de energía producida por fuentes renovables. Un ambicioso plan que, a tenor de la evolución experimentada estos últimos años, se cumplirá sin retrasos y será un fuerte motor de tracción de la economía del país.
Y mientras nuestro vecino trata de ser una referencia en la transición energética a nivel mundial, España lucha por alcanzar este año 2023 el 50% de energía de origen renovable, según previsiones de Red Eléctrica. Dos mundos en una misma península que nos sitúan frente al espejo y nos obligan a replantearnos nuestra estrategia de Estado en material de energía y de sostenibilidad. España necesita convicción política urgente para emprender una revolución energética necesaria para el futuro del país. Revolución que, por otro lado, ya reclaman desde la Comisión Europea para reducir nuestra dependencia energética externa y convertir a Europa en un exportador de energías renovables, lo cual nos ofrecería una ventaja competitiva como país inimaginable hace unos pocos años. Mientras unos lideran otros siguen su estela.
La buena noticia de todo esto es que España ha avanzado en los últimos años para intentar recuperar el terreno perdido, logrando posicionarse como el cuarto país europeo en el aprovechamiento de la energía solar. España ha cuatriplicado la producción de energía solar fotovoltaica en los últimos 4 años y ya cuenta con un parque de más de 20.000 megavatios de potencia que ha permitido producir 3.636 gigavatios hora el pasado mes de abril, el mes que más electricidad verde se ha producido desde que se tienen registros en España.
Estas cifras, que a priori pueden parecer excepcionales, solo suponen un primer paso del largo camino que hay que recorrer. Si España quiere aprovechar todo el potencial de nuestro territorio, es necesario seguir en la vía ya iniciada. En este sentido, la revisión al alza los objetivos de implementación nacional de energía solar contemplados dentro de la revisión del Plan Nacional de Energía y Clima (PNIEC), donde la 'hoja de ruta' a 2030 eleva los objetivos de 36 gigavatios (GW) a 76 GW, tanto para autoconsumo como para plantas en suelo, nos hace ver que vamos en la buena dirección.
Y, por lo que se refiere al gran crecimiento del autoconsumo fotovoltaico, no pueden embriagarnos del trabajo hecho, sino que deben servirnos para ser más ambiciosos aún en nuestra capacidad de cambiar el mundo a través de la energía como lo están haciendo nuestros vecinos. Como CEO de Greenvolt Next España, empresa con sede principal en Lisboa, creo firmemente que España tiene ante sí una oportunidad única para parecer lo que realmente es: uno de los mejores países del mundo para aprovechar todo lo que el sol nos regala cada día. En nuestra mano está aprovecharla.
Fuente:
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